La hiperactividad en los niños como un síntoma de la enfermedad del sistema

Leemos con estupefacción en el siguiente artículo-propaganda en El Mundo una apología de la normalización del diagnóstico de TDAH en niños, así como su supuesta base genética y por lo tanto la idoneidad de su tratamiento farmacológico. No ponemos en duda que pueda haber niños a los que estos fármacos puedan haber ayudado, seguramente funcionando como disparadores de un cambio más global y sistémico en la vida del niño, pero damos fe de la cantidad de casos con los que nos hemos encontrado en los que lejos de ayudar, han dificultado el desarrollo del niño. En muchos casos se les podría acusar (a los médicos) de haber sido responsables de haber sometido a un permanente estado alterado de consciencia a niños durante periodos muy sensibles de su individuación y su “convertirse en personas” (como ocurre en la adolescencia). Y estar drogado en un momento tan crítico y a la vez tan hermoso puede dar como resultado un buen viaje o uno malo.

Tampoco podemos dejar de llamar la atención de lo inadaptado de los modelos pedagógicos y de conocimiento, la escuela o el currículo escolar tanto más que antes para con el individuo del siglo XXI. Las escuelas suelen validar el diagnóstico y agradecen los resultados nulificadores del alumno que ocasiona el tratamiento.

Miguel Brieva
Miguel Brieva

Tema polémico el de los psicofármacos y niños. Por un lado se sabe que muchos de los psicofármacos no sirven de mucho sin un acompañamiento terapéutico para el niño y la familia, cosa que habitualmente no se da. A veces es el propio médico de cabecera o un neurólogo quienes llevan el caso y no suelen contemplar (por alguna razón) la psicoterapia como una opción interesante.

Hay muchos intereses entrecruzándose: la conceptualización de enfermedad permite a los padres descargarse de una parte de responsabilidad, las farmacéuticas reclutan clientes a tiernas edades, y los médicos, con poco tiempo para sus pacientes, tienen a mano un “remedio” rentable y les permite sacar adelante su apretada agenda.

Desde hace poco tiempo los centros base vienen realizando evaluaciones de discapacidad de niños diagnosticados de TDA (con o sin H, pues están los casos con y sin hiperactividad), reforzando así el etiquetado y el estigma de la enfermedad. Sólo cuando después de varios años con medicación los síntomas persisten o empeoran, es cuando las familias acuden a buscar psicólogo o terapeutas fuera del sistema (sistema público, pero también vertical de salud), y claro, resulta difícil, entre otras cosas, porque hay que cambiar de mentalidad.

Desde la enfermedad a las dificultades, del prototipo de niño obediente, dócil y que acepta los apretados horarios a los que hoy someten los padres a sus hijos (horas extraescolares, academias, deporte…) y que no dejan tiempo para jugar, para explorar el mundo a su aire, para crear, solos, con otros niños, o con sus ocupados padres.

Educan ahora tuenti, facebook, youtube y los videojuegos mucho más que hace 10 años. Desde hace más de 5 años es difícil vender la moto del “estudia y tendrás trabajo”, pero la escuela, que ha visto cómo la recortan por todas partes, ha cambiado poco en este tiempo, y si acaso, para mal.

Así que no, no hay que perderle el miedo a la hiperactividad ni a la sociedad hiperactiva e hiperexigente qeu estamos favoreciendo. Esa sociedad que a la vez que aumenta la brecha entre fracasados y “triunfadores” difumina lo que cada una de esas cosas significa, limitándolo al saldo de la cuenta corriente de los bancos demasiado grandes para caer por sus fechorías. Ni el esfuerzo, ni la verdad, ni el conocimiento de uno mismo, ni la creatividad y la serendipia, la cooperación, la diversidad o el sacrificio por unos ideales (un sueño, una esperanza) tienen cabida en esta sociedad egoísta, superficial e individualista que quiere seres dóciles, centrados y vacíos.

La hiperactividad, e incluso la depresión infantil (moda creciente) no deben resultarnos indiferentes. Son síntomas de una sociedad que es la que está verdaderamente enferma.

(Bola Extra)

No deja de resultar curioso que a medida que la información y la forma de acceder a ella, o la forma de gestionar (y crear) conocimiento cambiaban a la par que la tecnología de la información (internet, redes sociales, wikis, foros…), hacia modelos, digamos, más “deslocalizados”, holográficos, al modo de hipervínculos o enlaces, o enlaces a enlaces,  la escuela sigue insistiendo en los modelos lineales de conocimiento, estructurados y planificados prácticamente de la misma forma desde hace 50 años. No podemos evitar dejar aquí la reflexión sobre si, aunque en la escuela cosechen malos resultados, el modo de atención de los llamados niños hiperactivos está en realidad más preparado y adaptado para este tipo de búsqueda y gestión del conocimiento, ya que supone cierta capacidad para estar abierto a diferentes estímulos, seguir hilos que conectan con hilos, que conectan con posts, que conectan con wikis… ¿Estamos en realidad patologizando a través de la medicina y la escuela una forma de funcionamiento que socialmente se está potenciando?

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