Autogestión de la miseria o miserias de la autogestion

Interesante reflexión sobre la autogestión

(Autogestió de la misèria o misèries de l’autogestió)

Traducido automáticamente del catalán

Original en: https://cooperativa.ecoxarxes.cat/blog/view/123964/autogestio-de-la-miseria-o-miseries-de-l039autogestio

En el anterior número de Tierra Quemada hablábamos de la superación de la democracia en tanto que superación de la forma de gobierno actual y de la trampa sobre el que se basa la separación entre política, economía y vida. Hoy queremos centrarnos en lo que supone hacer una separación de la economía-de cómo satisfacemos nuestras necesidades-del resto de relaciones de las que se alimenta el capitalismo. Una separación que favorece que el sistema capitalista pueda reinventarse vez que nos puede debilitar en nuestra lucha para acabar con el trabajo y la propiedad privada. Hacemos este artículo no con la intención de emitir a modo de fascículos como superar estas parcialidades-porque sino caeríamos en lo mismo que criticamos-sino porque últimamente vemos cómo, al igual que ya apuntamos a la crítica de la democracia, no teniendo suficientes palabras, discursos ni-sobre todo-prácticas que superen el actual modo de vivir y de relacionarnos podemos terminar anclando-nos y reafirmando las miserias a las que el capitalismo nos condena. Si apuntamos esto es porque nos preocupa que muchas de las dinámicas o proyectos que dicen alejarse del capitalismo caigan en el espejismo de que podemos vivir sin capitalismo sin destruirlo: podemos plantearnos un mundo sin capitalismo, pero el capitalismo, con su esencia expansiva y global, no deja lugar para que exista un afuera o un al margen de él.
También queremos dejar claro de entrada que no queremos desmerecer ninguna iniciativa individual o colectiva de aquellas que, como nosotros, tienen que buscarse la vida para sobrevivir de la manera menos dolorosa y más apasionante posible, sino que lo que queremos apuntar es que estas salidas no son realmente salidas sino maneras de existir dentro de nuestra miseria. No pretendemos dar lecciones de dónde sí y dónde no deben ir a parar nuestras energías, sino preguntarnos porque todavía no hemos sido capaces de crear imaginarios y prácticas colectivas e individuales que nos empujen a la creación de proyectos verdaderamente comunitarios para abastecer nuestras necesidades y deseos sin que ello sea a costa de terceras ni que estas actividades sean meramente paliativas. Nos dirigimos a aquellas que, como nosotros, han decidido no apostar por un lugar fijo donde llegar sino por unas formas de hacer que nos puedan empujar a ir construyendo procesos relacionales cada vez más basados ​​en lo comunitario. Nos dirigimos a aquellas que ven que, hoy por hoy, estamos acomodándose nosotros o adaptándonos a la miseria de tener que trabajar por falta de un horizonte revolucionario cercano … o será por eso mismo que no hay una perspectiva de superación revolucionaria?

No Tenemos nada que objetar ante el Hecho de que algunos Compañeros buscan organizar apoyo vida como acequias y sacas el mejor partido posible de las circunstancias en las que se encuenta. Pero protestamos Cuando las formas de vida, que no son ni puedo ser más que adaptaciones al sistema actual, se Quiero presentar como algo anarquista o, peor Aún, como mitjans de transformar la sociedad sin recurrir a la revolución.
E. Malatesta

La lógica del mercado que (casi) todo lo impregna
No, el capitalismo no se aguanta sólo porque hay unos grandes magnates que dominan el mundo, no, ni mucho menos. El capitalismo se sostiene y se reproduce para que nuestra manera de relacionarnos con el mundo-y por tanto también entre nosotros-es casi enteramente capitalista1. Esto quiere decir que en la cotidianidad de nuestros gestos reproducimos unas dinámicas que nos dificultan ver y experimentar más allá de las relaciones de dominación y la mercantilización de las relaciones humanas. A veces es tan sólo que no tenemos suficiente dinero para invertir un capital base para convertirnos en empresarias de éxito, pero hay pequeños gestos inmersos en nuestra cotidianidad que demuestran hasta qué punto la lógica mercantil guía nuestras decisiones. Pensar que el capitalismo es algo externo a nosotros es infravalorar-lo y por otro lado bajar la guardia a la hora de combatirlo. La lógica del capitalismo-l’individualisme, la propiedad privada, la especulación, el dominio sobre la otra, etc. – Se inserta dentro nuestro dificultando de que nos relacionamos a partir de lo que necesitamos conjuntamente y provocando la relación con la otra a partir de lo que la otra nos puede ofrecer. Cabe decir que esto no significa que la hegemonía del capital sea total-no seremos nosotros quienes planteamos su perfección como sistema. La tendencia a lo comunitario, consustancial al ser humano, siempre reaparece en las grietas de esta sociedad; todas hemos visto y disfrutado alguna vez de la solidaridad entre iguales, del funcionar sin leyes, del dar sin esperar nada a cambio, etc . Es el movimiento real que anula e intenta superar el estado de cosas actual.

El espejismo de las alternativas
Banca ética, cooperativas, mercados de intercambio, nombres que suenan y resuenan aún más en nuestras asambleas de barrio raíz de la ocupación de las plazas en todo el Estado-el llamado movimiento del 15M-cuando algunas plantean posibles salidas del capitalismo. El espejismo de las alternativas nos puede hacer desviar del tema de fondo, nublarse en lo pantanoso mundo de escoger el producto que más nos corresponda, la forma en que más nos guste ser explotadas, la ética que más nos convenga siempre y cuando participamos de la especulación y la usura, la salsa con la que decidimos ser cocinadas siempre y cuando no se nos ocurra de atacar la propiedad privada ni los privilegios de aquellas que nos dominan porque … donde preferiríamos dejar nuestro dinero? Donde preferiríamos trabajar? Si no nos hacemos las preguntas adecuadas podemos morder el cebo y olvidarnos que lo que aquí se trata es de seguir luchando contra el dinero, contra el trabajo y contra toda opresión.

Con sumo consumo
El capitalismo, en su lógica de expansión mercantil, ofrece mercados y productos para todas aquellas que están dispuestas a comprarlos. La industria ética, ecológica, «bio», con respeto al medio ambiente, etc., Son el resultado de la expansión lógica del Capital. Si aparece este mercado es porque puede generarse más capital. Si este mercado triunfa es porque hay gente que se gasta el dinero en él. No es que apostamos por hacerle boicot especial a este tipo de productos pero es evidente que la apuesta por un consumo de este tipo no produce ningún cambio significativo en las relaciones sociales actuales. Y aquí radica el problema, cuánta gente realmente cree que comprar tal o cual producto en esta o aquella tienda es un frente más de la anticapitalismo? O peor aún, cree que es el camino para la transformación social? Podemos elegir comer más sano o que no se enriquezcan las cuatro marcas de siempre pero no se nos puede olvidar que bajo el capitalismo el consumo siempre es reproducción del capital.

Bancas éticas o estéticas?
¿Cómo podría una banca llegar a ser ética, o mejor dicho, a qué ética sino a la de la banca responde una banca ética? ¿A qué lógica sino a la de la especulación responde una banca con estas características? Que nuestro dinero sean utilizados para especular con consumos macrobióticos en vez de en la industria nuclear poco importa a la banca mientras tanto unos como otros aporten beneficios a estas empresas financieras-sólo necesitamos mirar el caso de Triodos Bank y O’Belen2 . Y ahora, somos capaces de imaginar depositar nuestro dinero en algún lugar seguro sin tener que pasar por un banco? Sí, sabemos que lo mejor de todo sería poder prescindir del dinero y el intercambio en la satisfacción de nuestras necesidades pero la mayoría de gente sigue cobrando a fin de mes, poniendo su dinero y domiciliando sus recibos a una cuenta corriente y cobrando sus salarios, prestaciones o ayudas a través de uno u otro banco. Pensar que la mayoría de nosotros guarda su dinero debajo de una baldosa nos parece demasiado iluso, aún así sería interesante que en nuestros barrios y espacios hiciéramos ver a nuestras compañeras que aunque de entrada no parece muy seguro dejar el dinero en metálico en casa, el hecho de dejarlos en el banco no da muchas más garantías-por no decir muchas menos. Si hacemos un balance de todas las problemáticas, contradicciones y dolores de cabeza asociados a tener que dejar el dinero dentro de un banco podemos concluir fácilmente que lo mejor es alejar el dinero de la especulación bancaria. Los bancos trabajan con más o menos el 10% del dinero que dicen tener, todo lo demás es dinero ficticio. No es necesario que nos vamos al caso del «corralito» de Argentina para demostrar cómo de seguro es esperar que el dinero que depositamos tranquilamente en un banco nos serán devueltos cuando nosotros queramos: los casos cada vez suceden más cerca nuestro, el pueblo de la Aldea en Tarragona ha sucedido en el último diciembre. También es importante tener en cuenta las sanciones administrativas y penas-multa ya que, cada vez más, la represión de baja intensidad intenta ahogarnos económicamente, y es por eso que la insolvencia se presenta como una de las herramientas más efectivas en un primer momento. Muchas de nosotras ya hemos comprobado que no tener dinero en el banco no es sólo una cuestión de ética sino de seguretat3.
Entonces, ¿qué hacemos con nuestro dinero? Bueno, la mayoría de nosotros no tendremos demasiados problemas para esconder los cuatro ahorros bajo cualquier baldosa de casa. Pero si lo que nos preocupa es de dónde sacar el dinero para proyectos más grandes quizá habría que pensar sencillamente que sólo podremos salir adelante proyectos a partir del dinero que, realmente, podemos conseguir. Ya sea a partir de exponerlo ante nuestros colectivos y pedir apoyo económico al resto de personas o asumiendo que no podemos sacar adelante nuestro proyecto si no queremos pasar por el crédito y lo que ello conlleva.

La falsa comunidad de la mercancía
El poder del dinero es el de fabricar un vinculo entre los que Careca de vínculos, el de vincular a los extranjeros en tanto que extranjeros y, de ESE modo, poniendo cualquier cosa en equivalencia, Poner todo en circulación. La Capacidad del dinero de vincularlo todo se compensa por la superficialidad de este vinculado en el que la mentira es la regla.
La insurrecciones que viene,
Comité Invisible

Muchas podrían hablar de otras economías, y de hecho lo hacen, remitiendo a economías solidarias o mercados de intercambio, a bancos de tiempo y mercados de favores, pero esto sólo extiende los tentáculos de la lógica mercantil y su base: la intercambio de propiedades privadas. Para muchas de nuestras compañeras parece que el fundamento del capitalismo sean el dinero, pero no es así. El intercambio es el fundamento sobre el que se sustenta el mercado y se basa en crear una relación no entre las personas sino entre éstas y las cosas: qué posees, qué me ofreces?, ¿Qué quieres?, En vez de que necesitas ?, o que te puedo ofrecer? Frente al intercambio nosotros apostamos por la reciprocidad. Mientras el intercambio se da entre personas aisladas que se relacionan a partir de lo que tienen-tanto tienes, tanto vales-la reciprocidad se da en la relación entre quien tiene algo en común. La reciprocidad permite tejer algo colectivo ya que cuando das lo haces de forma incondicional, sin esperar nada a cambio y, en algunos casos, sin saber quién lo recibirá; sólo sabiendo que es miembro de una comunidad que apuesta por este tipo de relaciones. Sencillamente apuntamos que si hay mercado puede existir un vínculo pero no necesariamente comunidad, más bien dificulta la existencia.

La explotación autogestionada; trabajadoras autónomas y cooperativas
(…) Segun los requerimientos del mercado, la mano de obra se empleada o arrojada de nuevo a la calle. Digo de Otra manera, se utilizan Todos los Métodos que le permita a la empresa acero frente a suspensión competidoras en el mercado. Los obreros que forman una cooperativa de producción se vende así cono la Necesidad de gobernarse con el máximo absolutismo. Se vende obligados a asumir Ellos mismos el rol del empresario capitalista, contradicciones responsable del fracaso de las cooperativas de producción, que se convierten en empresas puramente capitalistas o, sean predominando Los intereses obreros, terminan por disolverse.
Reforma o Revolución,
Rosa Luxemburgo

Montar una empresa y esperar que sea rentable pasa por inscribirse dentro de la lógica de la competitividad. Tanto si lo haces tú sola como si lo haces con cuatro amigas, es decir, tanto si te haces autónoma como si montas una cooperativa. Si una empresa no es competitiva muere. El engaño que nos hicieron creer en la época de la reconstrucción capitalista después de la Segunda Guerra Mundial-en los años 50 en Europa y en España desde la transacción democrática-es que, de la noche a la mañana, podíamos dejar de ser trabajadoras para pasar a ser empresarias por el solo hecho de librarnos de la explotación de un patrón, sin darnos cuenta de que hay otra explotación a la que estamos sujetos que es la explotación del mercado, de la competencia. El capitalismo-debido a las presiones de las fuertes luchas obreras de los 60 y 70 – cedió la oportunidad a varias trabajadoras de probar a dar el salto de clase, siempre y cuando demostraran que podían ofrecer beneficios a la empresa y competitividad en el mercado a base de explotar a sí mismas, a terceras personas oa las consumidoras. En este recorrido muchas han sido las que se han creído esta mentira reforzada por algunos ejemplos que han ayudado a alimentar esta ficció4. Pero el hecho es que la mayoría de aquellas que apostaron por crear su propia empresa lo hicieron a cambio de vender no sólo su fuerza física sino también su salud mental, así como la de sus compañeras de trabajo y la de aquellas que tenían más cerca.
La lógica empresarial se inserta dentro de la mentalidad de la trabajadora autónoma llegando, en la mayoría de casos, a contratar personal cuando hay suficientes beneficios y despachar-cuando ya no es necesario o cuando sus servicios no ofrecen beneficios justificando sus miserias a partir de recordar todo lo que han tenido que luchar para levantar la empresa-no decimos que en muchos casos esto no sea verdad. Lo que sucede, como en cualquier otra empresa, es que se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias. Si no aceptamos ser explotadoras y no tener miramientos, sencillamente, nuestra empresa no saldrá adelante, entre otras cosas porque no podrá ser competitiva.

-El proletariado sin enemigos
A cuántas personas conocemos a las que engañaron en los años 80 haciéndoles creer que si montaban su propia empresa dejarían de ser explotadas por un jefe. A partir de ahora mi jefe seré yo!, Y no podían tener más razón. El hecho de que muchas personas decidieran hacerse autónomas provocó una aparente ausencia de enemigas. La trabajadora autónoma sólo puede acusar de sus males a una ente abstracto como es el mercado en vez de la trabajadora clásica que podía responsabilizar de sus males económicos a aquella que la contrataba y la explotaba. En esta ausencia de responsabilidad externa del autónoma sólo puede auto-responsabilizarse y luchar para hacerse más deseable para el mercado, es decir, hacerse más competitiva. Voilà! … el milagro del capitalismo, lograr que sean sus propios súbditos los que decidan explotarse.
El trabajo autónomo ha sido una herramienta indispensable para el desarrollo del capitalismo en nuestras sociedades durante los últimos tiempos. Ha posibilitado a las grandes empresas un gran abanico de mano de obra cien por cien disponible a la vez que ha hecho que esta se responsabilizara de todos los costes de gestión, organización y seguridad social. La flexibilidad que ofrece una trabajadora autónoma se adapta perfectamente a las necesidades del mercado de mano de obra.
Lo que han llamado externalización de funciones de las grandes empresas en el proceso de producción, distribución y / o venta del producto o servicio no ha significado otra cosa que una disminución del coste por parte de la gran empresa. El mercado provoca que estas trabajadoras autónomas que podrían haber sido antiguas compañeras de trabajo se conviertan en competidores que se pelean por la obtención del contrato con la gran empresa. Obviamente esta rivalidad significa ofrecer el máximo servicio al mínimo coste, es decir el aumento del beneficio para el capitalista.
Con las cooperativas sucede tres cuartos de lo mismo. La lógica del mercado impregna cualquier empresa que pretenda estar dentro de éste y ser competente-y si no pretende ser competente y por tanto ser competitiva no podrá sobrevivir-; deberá decidir de dónde saca su capacidad para ser competitiva y beneficiosa a la misma vez: de sus trabajadores-en este caso serían las mismas cooperativistas las que se rebajarían el sueldo, autoexplotant a-, de sus clientes-es decir extrayendo el beneficio engañando los mismos y supravalorant el producto-, o de el aumento de la producción-explotando más a partir del aumento de la actividad, envenenando el medio, etc.
Del mismo modo, y para no despreciar la valiosa actividad desarrollada por muchas de nuestras compañeras en la elaboración de proyectos cooperativos, queremos señalar que sabemos que muchos de estos proyectos funcionan, y funcionan bien. Pero lo hacen gracias a la apuesta colectiva para que estos puedan salir adelante; ya sea en el formato de bibliotecas, casales, distribuidoras … Lo que decimos aquí-y quizás de manera demasiado reiterativa-es que si además de ofrecernos un servicio estos proyectos pretenden poder dar de comer a aquellas que lo llevan adelante tarde o temprano tendrán que hacerlos rentables, y entonces, los estallarán en las mans5. Hoy por hoy muchas cooperativas llevan adelante gracias al apoyo incondicional-nacido desde una posición ética-de muchas consumidoras. Muchas de estas se pueden permitir el lujo de comprar productos biológicos, libres de transgénicos o que paguen un sueldo más decente a sus trabajadores a pesar de darse cuenta de que esto provoca un incremento del precio del producto. El caso es que nosotros no podemos competir con una empresa que explote a las trabajadoras en Indonesia pagando unos sueldos veinte veces inferiores a los de aquí. Si queremos que nuestra cooperativa funcione conforme a nuestros valores-y esto podría ser por ejemplo no autoexplotant-nos más de lo que lo harían en otra empresa cualquiera-tendremos que jugar con la buena voluntad de la gente que decida comprar a nosotros por el doble del precio de ese mismo producto en el mercado …, y eso es, a nivel mercantil, insostenible a largo plazo. Si montamos, por ejemplo, una cooperativa-librería con material político la cosa puede funcionar. Ahora bien, si aparece una en cada barrio, o bien las clientas se reparten y hunden la viabilidad de cada una de ellas, o bien se mantienen fieles a una o dos de ellas provocando la imposibilidad del resto de proyectos. Sea como sea los criterios del mercado resultan incompatibles con la posición ética de la consumidora de estas cooperativas. Que quede claro que valoramos el esfuerzo y dedicación de la gente que apuesta por sacrificarse en una cooperativa para que unos libros-un contenido-o una buena alimentación-ecológica-puedan estar al alcance de la gente. Quizás sin este esfuerzo sería más difícil la difusión de la crítica radical o el mantenimiento de un saber agrícola menos agresivo con el medio ambiente, pero la pregunta es: hasta dónde estamos dispuestas a llegar para mantener la viabilidad económica de los proyectos?

-La identificación con la empresa
El cooperativismo podría ser un paradigma sobre el que se afianza el toyotisme6. En muchos procesos cooperativos lo que se consigue es que, gracias a la solidaridad entre las trabajadoras, el trabajo-que de otra manera no se podría conseguir acabe efectuándose. En la mayoría de los trabajos actuales la gobernabilidad de la empresa tiende a la cesión de responsabilidades hacia las trabajadoras, y esto provoca un sentimiento de participación en el proyecto de la empresaria. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de un proceso paralelo al que utiliza la gestión democrática ciudadanista. Gracias a la colaboración con el proyecto empresarial-también válido para la empresa Barcelona-evitan huelgas y exigencias de mejoras salariales así como se llega a justificar el empeoramiento de condiciones laborales para la salvaguarda del proyecto. Las cooperativas o el trabajo autónomo, en todo caso, ayudan a desconflictivizado el proyecto expansivo de la gran empresa capitalista. Lo que de otra manera no asumiríamos, siendo nosotras mismas nuestra propia empresa acabamos asumiendo.

-La mitificación de la recuperación de fábricas, el fantasma del «Argentinita»
¿Cuántas de nosotras hemos sentido hacer apología de la autogestión obrera a partir de la experiencia de las recuperaciones de fábricas en Argentina (Zanón, pe), a los 70 y 80 en España (Numax, pe7) o al período de descolonización-relativa-de Argelia? Las fábricas recuperadas son fábricas que han sido dejadas por las capitalistas justamente porque no eran rentables para las mismas. La experiencia de Argentina nos demuestra que estas fábricas han podido volver a ser rentables para el mercado a partir de volverse competitivas al precio de autoexplotar y funcionar dentro de la misma lógica empresarial que antes. Que apuntamos contra la mitificación de las recuperaciones del puesto de trabajo no significa que despreciamos lo que suponen: la gente puede mantener un trabajo para poder sobrevivir, se da un proceso colectivo que puede hacer emerger algo común y si hay beneficios éstos se socializan.
En estos casos podemos ver que a pesar de haber cierta lucha detrás de estas recuperaciones, si la dirección de la empresa ha ido no ha sido por la presión de las trabajadoras sino por otros motivos-recesión económica, delitos económicos, etc. -. Por lo tanto, la empresa bajo control de las trabajadoras en realidad significa que las trabajadoras están bajo el control de la empresa, es decir, que la lógica de la competencia continuará condicionando la producción, independientemente de quien la gestione. Si la autogestión debe hacer que nuestras condiciones materiales mejoren, entonces apostamos por este proceso. Si no, sólo se queda en el campo de la crítica a cómo se debería gestionar el capital, y por tanto a argumentar que podría existir un capitalismo igualitario si éste se gestionara correctamente. Es decir, si la expropiación al capitalista se hace para redirigir la producción hacia la satisfacción de las necesidades, entonces es la autogestión que defendemos. Por el contrario, si se trata de volver al trabajo, producir lo mismo y vender las mercancías pero sin la dirección del patrón entonces es autoexplotación.
Evidentemente, la realidad no es blanca o negra, y como la lucha de clases bebe de las contradicciones que da esta realidad, «la autogestión» en abstracto tampoco la podemos rechazar. A pesar de que la autogestión no es la alternativa al capitalismo sí que nos puede ayudar a dar pasos para superarlo, ya que la lucha por la gestión colectiva de las productoras puede hacernos ver la coincidencia de intereses como explotadas, puede ayudarnos a romper con el aislamiento y el individualismo del «sálvese quien pueda» y, lo que es más importante, el hecho de pasar por la autogestión de nuestro espacio de explotación puede permitir darnos cuenta de que esto no soluciona la explotación en sí. No hay que pasar individualmente por este proceso para darnos cuenta de esta trampa contrarrevolucionario, pero seguramente a un nivel colectivo alguna gente apostará por la fórmula autogestionaria antes no se dé cuenta de que la satisfacción de las necesidades de toda la sociedad no pasa para cambiar las formas, de quien gestiona qué, sino de un cambio profundo de la totalidad de las relaciones sociales.
Si este debate nos parece demasiado abstracto fijémonos en lo que nos puede suceder si nos dejamos deslumbrar por la palabra autogestión. El verano del año pasado en algunas nos sorprendió el anuncio del cierre del Hospital Dos de Mayo. El primer día de movilizaciones éramos unas cuantas las que se nos hizo la boca agua cuando escuchamos, en boca de algunas trabajadoras, hablar de la autogestión del hospital. Pero, ¿qué significaba realmente la autogestión de un hospital? Sólo tiene tres modos de financiarse: por parte del Estado, de forma privada a partir de sus socios / clientes, oa partir de los impuestos con una gestión del capital por parte de un grupo privado. Si nos fijamos detenidamente-y finalmente parece que es lo que está pasando-lo que se da cuando se habla de autogestión por parte de las trabajadoras es un proceso de privatización que, como ya hemos señalado a lo largo del texto, una empresa que no es rentable con un formato clásico pasa a serlo en el formato de una cooperativa de trabajadoras. El Estado de esta manera mata dos pájaros de un tiro: por un lado evita el conflicto laboral a la hora de recortar presupuestos, desplazándolo hacia la movilización de las trabajadoras en la salvaguarda de sus puestos de trabajo, y por otro lado consigue que el servicio que anteriormente estaba ofreciendo siga dándose evitando así el malestar de las usuarias. Tiempo al tiempo pero si no ya lo veremos, el copago será introducido en este tipo de ensayos y no será de la mano del Instituto Catalán de la Salud, sino por parte de las trabajadoras del hospital apelando a la solidaridad con un servicio pretendidamente indispensable.

La maldita costumbre de decirle a las cosas por su nom8
Somos trabajadoras, tanto si nos gusta como si no. No es una cuestión ética, moral o política o porque nos queramos empeñaron en conservar palabras que algunas ya han abandonado. Somos trabajadoras por una cuestión objetiva: en el mundo capitalista estamos condenadas a tener que pasar por el circuito del trabajo para poder sobrevivir. Somos desheredadas y el hecho de tener un coche-o en algunos casos un piso de propiedad-no nos libra de esta lacra. Tanto si estamos buscando trabajo como si hacemos lo que sea para evitarlo, tanto si basamos nuestra economía en la expropiación como pidiendo limosna a nuestras madres o al Estado en la forma de subvenciones o becas, nuestra condición es la de explotadas. Y sólo la destrucción del trabajo y las relaciones que de este se derivan podría situarnos en un nuevo contexto. Si decimos esto no es porque nos guste el victimismo o porque no queramos ver que aún así hay otras personas que pueden llegar a sufrir mucho más que nosotros las relaciones de producción y reproducción capitalistas. Si lo decimos es porque si en algún momento se nos olvida podemos llegar a caer en la ilusión tan extendida de que es posible dar un salto en nuestra condición proletaria para convertirse en personas que se entreguen de las relaciones capitalistas sin tener que pasar por una guerra abierta contra el capital, ya sea montando nuestra propia empresa o trabajando para nosotros mismos. Y eso es mentira.
Con esto no pretendemos caer en el absurdo obrerista de mitificación del sujeto fabril, nada más lejos. Que seamos trabajadoras no quiere decir que sólo seamos trabajadoras ni, mucho menos, que queramos seguir siendo trabajadoras! Lo que queremos decir es que, aunque estamos atravesadas por varias dominaciones, la sociedad de clases sigue más firme que nunca.

Si vis pacem para bellum
En una época de derrota como ésta, con prácticamente ningún referente político integral, que hagamos un texto de crítica a los intentos de alternativa de muchas puede ser desilusionante. No es cuestión de echar mierda sobre las cosas que hacen las demás, lo sabemos, pero tampoco podemos mirar hacia otro lado cuando con intenciones emancipadoras pueden estar construyendo obstáculos para la lucha anticapitalista.
Que quede claro, entonces, que no criticamos a aquellas que-al igual que nosotros-tienen actividades contradictorias sino que criticamos el hecho de que nos intenten convencer de que es posible superar el capitalismo ya la vez evitar el enfrentamiento con aquellas que lo defienden. Que todo el mundo intente lo que sea necesario, lo que piense conveniente, que no paren nuestras mentes de crear y construir, pero que nadie intente convencer al resto de que la lucha pasa por algún lugar distinto al de acabar con el capitalismo, es decir , destruir las relaciones que lo soportan, así como aquellas que lo reproducen. Y eso, queramos o no, implica conflicto, confrontación, violencia.
Quizá si nuestros entornos se sienten estas ideas es porque todavía hay quien cree que el capitalismo es sólo un sistema económico injusto que beneficia a unas pocas personas en perjuicio del resto. Su versión reformista organizará para conseguir ciertos cambios institucionales y legislativos que repartan de manera equitativa la riqueza que la gran mayoría producimos. La versión “revolucionaria” querrá echar a la minoría parasitaria y que organizamos, a partir de ahí, la economía de una forma colectiva e igualitaria. Ambas visiones creen que el cambio pasa por quién decide y por cómo se gestiona la economía. Ambas visiones están equivocadas. El capitalismo no es un pequeño grupo de gente muy rica, este grupo existe y son los que más privilegios tienen en esta forma de funcionar, pero sólo son una parte del problema. El capitalismo tampoco es sólo una forma de organizar la economía aunque sus pilares surjan de cómo, qué y quién produce en esta sociedad. La forma que toma este sistema hoy día ha salido del estrecho marco del mundo laboral extendiéndose al resto de aspectos sociales que hasta entonces habían tenido cierto margen de libertad. Ahora la generación de capital no se limita a la producción sino que intenta crecer ininterrumpidamente a partir de la mercantilización de los recursos básicos-agua, tierras cultivables, etc. -; De la explotación de la Tierra, las plantas y el resto de animales , y de todo aquello que produzca vínculo social-comunicación, afectos, conocimientos, etc.
Por todo ello, vemos que el capitalismo es una relación social que atraviesa todos los aspectos que nos afectan con seres humanos y que falsamente se intentan presentar como compartimentos estancos: economía, política, cultura, etc. Si no nos enfrentamos a él en todas sus formas el capitalismo volverá a desarrollarse. Si no vemos que no es sólo una relación que se establece entre las clases poderosas y demás sino que también lo reproducimos entre nosotros, horizontalmente, el capitalismo volverá a surgir una vez hayamos echado las capitalistas del poder. Entonces vemos que si por lo que luchamos es por una forma de vivir en sociedad que no esté basada en la explotación ni la opresión, esto condiciona inevitablemente quién y cómo se gestionaría cada aspecto de esta sociedad. No se necesitarían instituciones especializadas ni especialistas para encargarse de la economía o la política, entre otros, ya que forman parte de un todo que es la vida y como un todo debemos tratar.
Los malabarismos teóricos que hacen proyectos como la Cooperativa Integral Catalana o Democracia Inclusiva no resuelven la contradicción entre problema genérico y soluciones parciales que aquí estamos criticando. A pesar de que hablen a sus textos de la necesidad de una respuesta integral ésta sólo lo están materializando con una suma de parcialidades. No entraremos aquí a analizar detenidamente estos dos proyectos, lo que queremos remarcar es aquel aspecto que se relaciona con aquello de que estamos hablando: por mucho que hemos buscado a sus escritos no hemos encontrado nada sobre el inevitable conflicto con las que defienden el capitalismo que antes exponíamos, y eso es preocupante. Quizás no hablan porque creen que mientras estemos en un proceso creativo, de generación de contrapoder, el Estado no nos reprimirá. En este caso, estos proyectos se derrumban cuando sorpresas y incrédulas los vengan las obleas legales e ilegales por todas partes. Quizás no hablan de la posible represión, de la necesaria preparación por el conflicto porque estratégicamente no quieren decir. Quizás piensan que no es cuestión de asustar con paranoicas ideas sobre una futura represión a la gente que se puede acercar, quizá si miramos a nuestro alrededor veremos que la represión siempre está donde hay lucha, quizá si no intentamos engañar a la gente cuando los problemas lleguen a nuestro proyecto estaremos preparadas para hacerles frente.
Cuando intentamos buscar maneras que no se basen en los presupuestos capitalistas o, incluso, que intenten ser contrarias a este debemos tener en cuenta que el capitalismo es totalitario, no existe un «afuera» y eso implica que los que lo defienden intentarán impedir todo lo que lo ponga en peligro. Por tanto, la histórica discusión del movimiento revolucionario entre proceso constructivo / destructivo no puede decantarse en ninguno de estos supuestos contrarios. Cualquier intento de crear una sociedad paralela a la actual se encontrará, en primer lugar, con la inercia de funcionar con valores explotadores y opresivos aunque sea inconscientemente y, más tarde, con la oposición frontal de las defensoras de la statu quo. Cualquier intento de destruir la existente si no tiene las infraestructuras básicas para este combate y las mínimas para sobrevivir socialmente a este mismo está abocado al fracaso. La necesaria relación dialéctica entre construir y destruir debe estar inscrita en nuestra praxis revolucionaria si realmente queremos acabar con toda dominación. Construimos preparándonos para el enfrentamiento; nos enfrentamos para abrir resquicios para la construcción. Aunque parezca una obviedad: no se puede vivir sin capitalismo hasta que no acabemos con él.
Autoproducción, mitos y realidades
Nos encontramos ante un muro bastante opaco cuando intentamos pensar en unas formas de abastecernos que salgan de las lógicas capitalistas. Muchas veces se nos presenta la gratuidad bajo diversas formas como una posible solución: tiendas gratis, reciclaje … Si bien esto es posible ahora en esta sociedad de opulencia, no dejan de ser los despojos, los restos de esta misma opulencia. Es un modelo difícil de promover como salida del capitalismo en tanto que aguanta sobre la sociedad de consumo que este mismo genera. En el momento en que se acabe esta sociedad, cuántas de nosotros nos pelearemos para poder reciclar? Es aquí que unas cuantas nos planteamos los proyectos en el campo como una manera de abastecernos mediante la autoproducción, es decir, intentando no tener que recurrir al mercado ni a la moneda como posible camino hacia la recuperció de formas de vida arraigadas en el entorno, en los saberes más antiguos. Pero no nos podemos engañar, esta vía requiere muchos esfuerzos, tiempo e inversión. Es un planteamiento a largo plazo que requiere mucha paciencia para conseguir algo, empezando por la recuperación de saberes ligados a la tierra y la familiarización con un medio a menudo desconocido.

Si de entrada nos parece un camino coherente, nos encontramos muy pronto con nuevas contradicciones. Primero con el hecho de que para conseguir una autoproducción plena necesitamos una dedicación a tiempo completo por parte de las integrantes del proyecto, lo que casi no deja tiempo para seguir luchando. Esto se entiende porque los ciclos de crecimiento de las plantas no se adaptan a los momentos álgidos de las revueltas o momentos de agitación intensa. Quizás nuestras tomateras eran indignadas, pero no habrían entendido que nos fuéramos todos a acampar en la plaza Catalunya el pasado mayo. Los ritmos difieren mucho, tanto como las obligaciones. Y no hablamos aquí de quien tiene animales.

No podemos pensar que al cabo de dos años seremos autosuficientes y eso implica que no se puede plantear como una alternativa a corto plazo. Muchas de nosotros sólo hemos vivido en la ciudad, y entender el campo necesita tiempo. Pensar los huertos, las rotaciones o las necesidades de cada planta requiere interés y un aprendizaje preciso-por suerte existen muchos libros, manuales y gente etc … para ayudar a las neófitos-. Entre errores de principiantes, y la dependencia hacia las diferentes estaciones o momentos de cada planta, nunca acaban de salir las cosas como queríamos. También estos proyectos necesitan una mínima inversión en material, máquinas agrícolas, herramientas que nos facilitarán el trabajo. Es decir, tiempo, esfuerzos, trabajos y algún dinero frente a la gratuidad de la ciudad. Pero la recompensa, el disfrute de nuestra propia cosecha, es un placer que no tiene límites.

A pesar de estos puntos negros, de proyectos en el campo que funcionen bien hay muchos. Nosotros vemos importante mantener vínculos entre los proyectos del campo y los de la ciudad ya que la barrera social que les separa ha hecho inexistente. La metrópoli extiende sus tentáculos desde el núcleo hacia sus extremidades, el proyecto expansionista de la ciudad convierte el territorio en un tejido de comunicaciones que unen el núcleo con el resto del territorio. Así que intentar dicotomizar la lucha entre irnos al campo o quedarnos en la ciudad es estúpido ya que cualquier proyecto que espere estar al margen o en las afueras de la ciudad tendrá un problema cuando el proyecto expansionista toque a la puerta de su casa -MAT, AVE, Eurovegas, etc. De la misma forma quedarse en la ciudad y esperar basar la revolución en una vertiente puramente destructiva condena los sujetos de ésta a rapiñar de los despojos y del saqueo de supermercados con alimentos que vienen del extrarradio. La relación entre el núcleo y las extremidades se hace indispensable para poder tener un proyecto revolucionario que integre realmente en una misma lucha la destrucción del mundo que nos precede y la construcción del mundo donde queremos vivir.

Cooperativa Integral Catalana: dejad de vendernos la moto!

Como ya hemos dicho, no queremos desmerecer ninguna iniciativa para la consecución de la emancipación humana. Cada colectividad o unidad económica-ya sea una individua, una familia, un colectivo, etc. – Intenta encontrar los mecanismos para cubrir sus necesidades y satisfacer sus deseos. El problema ocurre en el momento en que una de estas unidades promociona su particular forma de hacer con un carácter o una pretensión universalista. Llegando a proponer su modelo como superación del capitalismo en el capitalismo, vendiéndonos la moto de que es posible acabar con el capitalismo sin combatirlo. Cuando esto sucede, demasiadas veces se nos vende la propuesta a partir de una mistificación de la misma, esto es, alabando los aspectos positivos y ocultando aquellos que pueden poner en cuestión el proyecto. Se nos esconden-o escondemos-aquellas contradicciones y dudas que aparecen en la puesta en práctica de un proyecto ideal y seguimos idealizando-cuando la explicamos a las demás en vez de mostrar las dudas que nos van surgiendo por el camino.

Hacer nuestra propia moneda no acaba con el problema de la alienación ya que igualmente existe la mediación entre el producto de nuestra actividad individual y lo que necesitamos entre miembros de una misma comunidad como relación entre extrañas. Repetimos que debido a que aún no hemos acabado con la moneda cuñada por el Estado, podría parecer inútil-o al menos osado-criticar la propuesta concreta de un colectivo particular. Lo que criticamos aquí es que esto se proponga como solución al capitalismo cuando sólo es un capitalismo controlado-en pequeña medida-por las propias miembros: es decir, un proyecto de socialdemocracia radical. Entonces no es nuestro proyecto, no tiene más, tampoco tiene menos.
Por la cooperación, contra el cooperativismo

El cooperativismo no es la superación de la economía, no es no-capitalista, es tan sólo una de las opciones más acorde con nuestra forma de hacer en tanto que estamos forzadas a trabajar para poder sobrevivir. Lo que queremos puntualizar aquí es que estos proyectos empresariales tienen ciertas limitaciones y es necesario que las señalamos para no mitificar los mismos.
Evidentemente, para construir una alternativa real es necesaria la cooperación entre las excluidas, pero para tal tarea no es necesario montar una cooperativa. Las asambleas de trabajadoras, las cajas de resistencia o las redes de apoyo mutuo, por decir sólo algunas, son otras maneras de organización entre iguales que no pasan necesariamente por la gestión empresarial del mundo laboral.
Confundir la herramienta-cooperación-con la institución de la misma-cooperativismo-es empezar a perder el potencial transformador de nuestras formas de hacer. De la misma manera que no hay-por suerte-quien proponga reanudar las asociaciones de vecinas como afianzamiento de la autoorganización que se está dando en los barrios, pretender crear un polo anticapitalista en el mundo laboral a partir de una cierta forma de gestión empresarial es no sólo ingenuo sino también insultante. Las cooperativas pueden ser consideradas anticapitalistas si las personas que las conforman hacen una apuesta consciente por unas relaciones comunistas, y esto implica salir del marco laboral e implicarse en el conflicto que se extiende por todo lo social. Formalmente, una cooperativa es la forma de inscribirse en el registro mercantil que nos da más posibilidades de decidir cómo y con quién trabajar. Para que sea, además, una herramienta liberadora necesitamos que entre a formar parte de las infraestructuras en las que se pueden apoyar las luchas, desviando conocimientos y recursos materiales y estando dispuesta a cerrar cuando las contradicciones capitalistas del empujen a la explotación de otras compañeras oa la mercantilización de nuestras ideas y prácticas. Estas son las cooperativas que nos hacen falta!

1 El patriarcado y capitalismo van de la mano y, por tanto, un anticapitalismo que plantee una superación de éste sólo en su vertiente económica-o en cualquier otra vertiente parcial-no es un anticapitalismo completo. También sucede con el racismo, la homofobia, etc. El capitalismo se ha nutrido de todas estas dominaciones para poder ejercer, y no hubiera podido llegar hasta aquí sin ellas.
2 Os remitimos a la página de unas compañeras de Madrid que trabajan en contra de los centros de menores, llamados eufemísticamente Centros de Protección a la Infancia: http://www.centrosdemenores.com/?Campana-de-boicot-a-Triodos -Bank. Quizás no hablaríamos tanto de estos tipos de bancas si no fuera porque han aumentado su clientela de manera exponencial a raíz del fenómeno de las ocupaciones de plazas en todo el Estado.
3 Respecto a esto, sabiendo que es un tema bastante complicado y donde cada una de nosotros tendrá sus propias particularidades, remitimos al trabajo de investigación llevado a cabo por las compañeras de insumisión a las penas multa.
4 Uno de los casos más conocidos es el de Amancio Ortega, máximo accionista de Inditex (Zara, Massimo Dutti, Pull & Bear, Bershka, etc.). Es el ejemplo perfecto de movilidad social: trabajar con 14 años en una tienda de ropa a ser la 5 ª. persona más rica del mundo, según la revista Forbes. Lo que esconden estas fugas del origen de clase es que por mucho que haya ciertas personas que puedan pasar de una clase a la otra las condiciones que garantizan este tipo de relaciones siempre harán que haya dos clases diferenciadas.
5 Booomm!
6 El toyotismo ha sido un sistema de producción fabril que desplazó el taylorismo y el fordismo en la producción en cadena introduciendo y favoreciendo, entre otras cosas, la identificacin & a

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